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Sudaderas y chaquetas de chándal para mujer de Esprit

Las sudaderas y chaquetas de chándal son deportivas y cómodas, pero con sus bonitos cortes femeninos es una pena que solo nos las pongamos para correr o ir al gimnasio. Hoy en día, tanto la agradable sudadera de tejido de punto de algodón, como las sudaderas con cremallera o las chaquetas de chándal entalladas también de algodón se abren paso hasta nuestro armario con la idea de que las luzcamos. Con miles de estilos y los colores más de moda, ofrecen una alternativa perfecta para cada ocasión: para disfrutar de nuestro tiempo libre, para ir de compras, para pasar el día en el campo o simplemente si queremos ir vestidas de forma casual al trabajo. ¡Las posibilidades son tantas que nunca nos arrepentiremos de tener unas cuantas sudaderas y chaquetas de chándal en nuestro vestidor!

Ligeras y holgadas o entalladas y deportivas, pero siempre cómodas

Por fin ha llegado el fin de semana que tanto tiempo llevabas esperando: os vais de senderismo a los Picos de Europa. La previsión del tiempo anuncia cielos claros y despejados y el viernes por la tarde ya estás completamente equipada frente a tu casa, con una chaqueta de forro polar ligera y unos vaqueros. Es tu mejor amiga quien pasa a recogerte, vestida cómodamente con unos pantalones cargo y una sudadera estilo oversize. Os cargáis la mochila al hombro y os dirigís a casa de un amigo que también se apunta a la escapada y que va a ser el conductor de vuestro viaje. Por eso decidís pasar allí la noche, para salir bien temprano al día siguiente. ¡Menudo fin de semana os espera! Antes de que salga el sol ya estáis en pie con las mochilas preparadas y muchas ganas de empezar la ruta, pero antes os esperan unas cuantas horas de carretera. Con unos vaqueros lavados y una sudadera con capucha y estampados, reclinas el asiento, estiras las piernas y te preguntas qué te espera este fin de semana. Pasáis por estrechas carreteras rodeadas de árboles, subiendo cada vez más y más alto, hasta que llegáis a un bonito pueblo en las montañas. ¡Es hora de bajar del coche y empezar la caminata! Todavía es muy temprano y lo primero que hacéis es ir a comprar pan recién hecho en la panadería del pueblo. Luego cogéis un sendero estrecho, rodeado de vegetación, y andáis varios kilómetros hasta llegar a un pequeño claro. ¡El lugar perfecto para una pequeña siesta bajo los rayos del sol! Una hora más tarde, sacáis los bocadillos y coméis algo antes de seguir la ruta con fuerzas renovadas.

Sudaderas y chaquetas de chándal para cualquier ocasión, sobre todo para sentirse bien

Camináis todo el día por el bosque, cuya vegetación va desapareciendo conforme ascendéis hacia el macizo rocoso: pasáis por curiosas formaciones rocosas y prados donde pastan tranquilamente algunas cabras. A medio día decidís parar junto a un pequeño arroyo donde brota un agua fresca y cristalina. Sin pensárselo dos veces, tu amiga se quita la sudadera de algodón y se refresca el cuerpo con la fría agua gélida del manantial. Después, seguís ascendiendo. El sol empieza a descender y, por fin, tras un par de cuestas más, llegáis al refugio donde pasaréis la noche. Están a punto de servir la cena, pero te da tiempo a darte una reconfortante ducha y a cambiarte. Limpia, con unos leggings y una sudadera de punto, te sientas a contemplar el atardecer en la terraza del refugio, donde ya te estaba esperando tu amiga con unos pantalones de chándal y una sudadera con cremallera. Enseguida llega vuestro amigo, recién duchado y con mucha hambre. Llega el momento de disfrutar de la cena: tortilla de patatas, pan recién horneado y una tabla de embutidos y quesos de la tierra. El sol ya se ha puesto y se nota el frío, pero esperáis, entre anécdotas y risas, a que oscurezca del todo y el cielo está cuajado de millones de estrellas. Luego entráis al refugio y os acostáis, agotados pero felices, en la cama.

Al día siguiente, te despierta el canto de los pájaros que se posan en tu ventana. Hace un día radiante: te levantas de un salto, te pones un top y una sudadera de fino tejido de punto de algodón y bajas al comedor. Poco después llega tu amiga, todavía medio dormida, con leggings y una sudadera con capucha. Con el desayuno ya en la mesa, aparece por fin vuestro amigo. Recargáis pilas comiendo pan, queso, miel y fiambre y os ponéis de nuevo en marcha. Intentas mantener el ritmo, pero no puedes evitar pararte cada pocos metros a admirar la impresionante vista sobre el valle. Tras superar algunos tramos empinados donde el camino está plagado de rocas, el sendero se ensancha y el descenso se hace más fácil. Por la tarde alcanzáis de nuevo el pueblo donde aparcasteis el coche. Relajada por el fin de semana que has pasado rodeada de naturaleza, te acomodas en el respaldo del asiento y empiezas a recordar los increíbles paisajes que has visto durante la ruta. Poco a poco, te vas quedando dormida con el suave runrún del coche.

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